No te llames a engaño si te comparo con la luna.
Tú, mujer querida, protectora en la media noche,
retienes misterio, secretos que tu faz
ocultaen la claridad del medio día.
Inmensa y luminosa tras la montaña,
reinas como diosa en el cenit del abismo,
dictadora de mi vida.
Viajas en la espiral del tiempo:
primero irreflexiva, luego activa, luego lenta,
siempre fecunda, siempre atractiva,
siempre adelante, con manos sabias
llena de silencios que sepultan mis anhelos cada
día.
No te engañes, no me engañes, no abuses:
tu poder amo en las lunas de tus ojos,
con la fuerza de la pasión, la razón y la
mentira.
No mengua el amor: se vuelve otro.
No te ocultes. No sin mí, al menos.
¡Ven aquí!, no disimules tus secretos, dímelos.
quiero tus ojos plenos para los ojos míos,
quiero tus ojos siempre, para saciar mi vida
Jaime Alberto Sánchez Ramírez
Abril de 2026

Hermoso poema, tiernas palabras de amor, ternura, sensibilidad
ResponderEliminarBuen poema. Gracias por compartir.
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