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REFUGIO / Por Gloria Inés Betancourt Gómez

 



Trescientos cincuenta pasos por la Carrera Séptima, en Bogotá, me llevaban cada día al Café San Moritz. La calle 19 fue durante muchos años mi primera parada.

Entre edificios y vitrinas con su exhibición consumista, me aproximaba a ese refugio donde salvaba el día. Un espacio donde mis reflexiones encontraban cauce y alimentaban amores antes de iniciar la jornada.

Pocas mujeres ingresaban. Tal vez se sentían señaladas por culpas inexistentes, o las normas invisibles de la época les impedían pisar un café. Eran tiempos en los que la mujer apenas conquistaba sus espacios:  surgían figuras femeninas en la política, en la vida social, en las universidades; se abrían caminos jurídicos y constitucionales a su favor. Éramos apenas un 27% en carreras como Ingeniería, y aun así persistían miradas y actitudes que parecían advertirnos: «les tocará comprar las notas o hacer favores». El café seguía siendo territorio masculino.

Lo secreto – Cuento – Maria Luisa Bombal

 

 

Sé muchas cosas que nadie sabe.

Conozco del mar, de la tierra y del cielo infinidad de secretos pequeños y mágicos.

Esta vez, sin embargo, no contaré sino del mar.

Aguas abajo, más abajo de la honda y densa zona de tinieblas, el océano vuelve a iluminarse. Una luz dorada brota de gigantescas esponjas, refulgentes y amarillas como soles.

Toda clase de plantas y de seres helados viven allí sumidos en esa luz de estío glacial, eterno…

Aquí se respira bien -Cuento- Mario Benedetti


—¿Nos sentamos en este? —pregunta el Viejo.

—Mejor aquél. Tiene más sombra.

Por más que nadie intenta arrebatárselo, Gustavo se cree obligado a correr para asegurarse el usufructo del banco. El padre llega después, sin apuro, con el saco en el brazo.

—Se respira bien en este rinconcito—dice, y para demonstrarlo resopla ostensiblemente. Luego se acomoda, saca la tabaquera y arma un cigarrillo entre las piernas abiertas.

A las diez de la mañana de un miércoles, el Prado está tranquilo. Tranquilo y desierto. Hay momentos tan calmos que el ruido más cercano es el galope metálico de un tranvía de Millán. Luego un viento cordial hace cabecear dos pinos gemelos y arrastra algunas hojas sobre el césped soleado. Nada más.

El loro pelado - Cuento - Horacio Quiroga


Había una vez una banda de loros que vivía en el monte.

De mañana temprano iban a comer choclos a la chacra, y de tarde comían naranjas. Hacían gran barullo con sus gritos, y tenían siempre un loro de centinela en los árboles más altos, para ver si venía alguien.

Los loros son tan dañinos como la langosta, porque abren los choclos para picotearlos, los cuales, después, se pudren con la lluvia. Y como al mismo tiempo los loros son ricos para comer guisados, los peones los cazaban a tiros.

Francisco y el sol – Por Nelvis Díaz Daza

 

En el Tablazo, un pueblo en la llanura ardiente del sur de La Guajira, ubicado en el valle del río Cesar, donde la tierra clama sed, vivía Francisco. Heredero de la tierra al que la escuela nunca logró atrapar. Aprendió a leer cuando ya era un hombre hecho y derecho, porque antes no lo había necesitado.

Aprendió a juntar letras con la obstinación de quien se niega a ser vencido, trazando signos en el suelo con el índice de su mano izquierda. Descifró cartillas viejas y periódicos ajenos con la misma paciencia con la que aprendió a sembrar la tierra, ordeñar vacas y a resistir los embates del tiempo.  Estaba convencido de que todo conocimiento se consigue igual que una cosecha: a fuerza de terquedad y aguante.

Vivía en una casa, tan antigua como sus recuerdos, donde siete vacas rumiaban sin tregua todo el día y cuarenta y tres gallinas cacareaban desde que la lampara del universo quería asomar y callaban cuando la luna parecía despertar.

Comunidad Yo Mayor presentó novedades editoriales en la FILBO 2026

 


Bogotá, mayo 4 de 2026. La Feria Internacional del Libro de Bogotá vivió esta mañana un espacio de celebración literaria con la presentación de la Comunidad Yo Mayor, un grupo de escritores que compartieron sus más recientes obras en el marco de la FILBO 2026.

El evento se llevó a cabo a las 11:30 a.m. en el Gran Salón A de Corferias, donde se dieron a conocer poemarios, novelas, revistas, blogs y selecciones de cuentos creados en los distintos talleres de la Escuela Yo Mayor.

Comunidad Yo Mayor presentará novedades editoriales en la FILBO 2026



Bogotá. - La Feria Internacional del Libro de Bogotá se prepara para recibir a la Comunidad Yo Mayor, un grupo de escritores que lanzarán sus más recientes obras en el marco de la FILBO 2026.

El evento se realizará el lunes 4 de mayo a las 11:30 a.m. en el Gran Salón A de Corferias, donde se presentarán poemarios, novelas, revistas y selecciones de cuentos creados en los distintos talleres de los participantes de la Escuela Yo Mayor.

Ulises vuelve a casa - Por Manuel Tiberio Bermúdez

 

—¿Qué hago? Estoy en un aprieto. Tantos años fuera de casa, tantas batallas sufridas, y ahora tiemblo al pensar en el regreso a Ítaca —reflexionaba Ulises, con el corazón apesadumbrado, mientras ordenaba cargar las provisiones necesarias para el viaje.

—¡Llenen las bodegas con agua y comida! El viaje es largo y peligroso —gritó Ulises, con la voz resonando sobre el bullicio del puerto, mientras recorría el barco de proa a popa, comprobando que sus hombres no olvidaran detalle alguno.

Carta a una señorita en París - Cuento - Julio Cortázar

Andrée, yo no quería venirme a vivir a su departamento de la calle Suipacha. No tanto por los conejitos, más bien porque me duele ingresar en un orden cerrado, construido ya hasta en las más finas mallas del aire, esas que en su casa preservan la música de la lavanda, el aletear de un cisne con polvos, el juego del violín y la viola en el cuarteto de Rará. Me es amargo entrar en un ámbito donde alguien que vive bellamente lo ha dispuesto todo como una reiteración visible de su alma, aquí los libros (de un lado en español, del otro en francés e inglés), allí los almohadones verdes, en este preciso sitio de la mesita el cenicero de cristal que parece el corte de una pompa de jabón, y siempre un perfume, un sonido, un crecer de plantas, una fotografía del amigo muerto, ritual de bandejas con té y tenacillas de azúcar… Ah, querida Andrée, qué difícil oponerse, aun aceptándolo con entera sumisión del propio ser, al orden minucioso que una mujer instaura en su liviana residencia.